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Carlos Baza,

Carlos Baza, "Calabaza"

Autor/a Emilio Sanjuán

Carlos Baza, un niño feliz e imaginativo, no es lo que se dice un buen alumno...: su apodo «Calabaza» da fe de ello. Cierto día se le aparece Alu-Bia, un genio diminuto y de tercera categoría del que se hará buen amigo.

Carlos Baza, un niño feliz e imaginativo, no es lo que se dice un buen alumno...: su apodo «Calabaza» da fe de ello. Cierto día se le aparece Alu-Bia, un genio diminuto y de tercera categoría del que se hará buen amigo. Y como ambos son algo torpes y bastante ingenuos, se meterán en un montón de líos y vivirán así desternillantes aventuras.
Dispone de Juego de Lectura (n.º 196), de la colección Lectura Eficaz.

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Emilio Sanjuán

Emilio Sanjuán nació en Madrid. Durante muchos años ejerció de profesor en diversas regiones españolas. Ha publicado bastantes libros, tanto de carácter informativo como de entretenimiento. Entre sus obras destacan «Carlos Baza, "Calabaza"»; «Carbonilla, El dragón pastelero», «El dinosaurio bombero», «La bruja Malapata» y «Las vacaciones de Simón, Simón». En la actualidad comparte la narrativa infantil con la coordinación y dirección de libros de texto en una importante editorial.

M.ª Luisa Torcida Álvarez

M.ª Luisa Torcida es una de las ilustradoras más sobresalientes de nuestro país. Además de realizar los dibujos del superventas «Las divertidas aventuras de las letras» (y de todo el multiproducto editorial asociado a ellas), entre sus trabajos destacan las fantásticas ilustraciones de los álbumes «Te quiero un montón», «Samuel casi no tiene miedo» o «Ángela».

Carta de Juan Marqués (doctor en Filología Hispánica y crítico literario en publicaciones especializadas) a Emilio Sanjuán, autor de Carlos Baza, Calabaza:

«(...) mi hijo Bruno, de nueve años, leyó hace unos días su Carlos Baza, Calabaza, en el mismo ejemplar (...) que leí yo cuando me lo regalaron, al cumplir yo nueve años (...) y necesito darle las gracias por ese libro maravilloso, que a mí me hizo lector y que ha conseguido despertar las risas de Bruno, activar su curiosidad, enseñarle cosas, enternecerle con ese relato de amistad entre Carlos y Alu-Bia, entre un niño como nosotros tres y un humilde genio, modesto pero sobrenatural, un poco como usted mismo, que demostró tener casi poderes mágicos (...) Ese libro no supuso un cambio de etapa sino que, al contrario, me hizo más niño, ratificó mi infancia, la iluminó con una luz distinta y superior. Creo que con él sentí por primera vez el vértigo del tiempo, gracias a sus últimas líneas, tan emocionantes (...) Gracias, señor Sanjuán, por el impagable regalo que me hizo (...) su historia, ya lo ve, sigue conmoviendo, sigue haciendo reír (me pide Bruno que le diga que el capítulo de los "Dos kilos de tomates" le gustó especialmente, aunque le dio un poco de pena el pobre don Serafín), sigue viva. Todos somos Alu-Bia: torpones e inseguros pero nos esforzamos. Ese genio con aspecto de tritón nos acompaña y, como al final a Carlos, nos visita de vez en cuando, no sólo inmortal sino inmutable, prolongando una historia fantástica, bellísima y hasta creíble (...) gracias, de nuevo, por dejarnos esos personajes, esa fábula, esa lección final, ya no de superación sino de amistad eterna. Pienso de usted, al cabo, lo mismo que Carlos Baza acaba pensando de su propio empleo en la presa del pueblo: "Para él no había trabajo más importante sobre la tierra"».

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